Igual hemos ganado mucho, pero nos paramos a pensar y hemos perdido mucho. No podemos evitar que las personas se alejen de nosotros, no podemos retenerlas a nuestro lado. No podemos evitar que piensen cosas de nosotros que no nos gustan, no podemos evitar que nos lo digan a la cara, donde más duele, de quien más duele.
Tampoco es evitable el dolor que nos causan cosas que hasta hace poco sabíamos que no eran ciertas pero que ahora consideramos veraces.
Porque cuando el dolor viene dado por quien más nos quiere y a quien más queremos, se lo contemos a quien se lo contemos no encontraremos consuelo ni en el más mínimo gesto de cariño.
Nos callamos mil cosas por miedo a preocupar a quien menos lo merece y tragamos y tragamos hasta que nos hundimos en la más asquerosa oscuridad, que nos produce nauseas y nos obliga a callar aún con mayor insistencia, porque conforme más nos hundimos más convencidos estamos de que son tonterías que a nadie le importan y que nadie considera importantes. Nadie excepto nosotros mismos.
Y aquí estoy yo, en un lugar bien distinto de donde estaba hace un año, con mil cosas nuevas que contar a mis nietos, pero con gran pesimismo sobre mi misma, al fin y al cabo toda esa seguridad que tenia sobre un año prometedor e inolvidable, esas ganas de comerme el mundo, ese optimismo desbordante... han desaparecido.
Supongamos que de golpe, y de nuevo, he crecido y me he dado cuenta de lo negro que está todo, se hace difícil ser optimista en un mundo gris y triste, se hace difícil querernos cuando falta algo que nos ayude.
Quizá todas esas dolorosas tonterías que me dicen tan solo sean eso: tonterías, pero dolorosas, así que...
Ánimo y suerte a todos, yo me quedaré un ratito más en mi propia oscuridad, creo que al final estoy pillando postura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario