Llegó el otoño y tras un verano inolvidable las hojas comenzaron a caer, pero ellos seguían igual solo que con bufandas y gorros, que les regalaban miles de juegos y bromas.
La distancia no existía y ellos cada vez eran más juntos y menos separados.
Pasó el invierno y con él, un montón de estaciones más, durante un montón de años más y lo que había nacido como un amor de verano terminó con dos ancianos contemplando el mar desde su ventana, mientras se abrazan, mientras el silencio invadía la habitación.
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