Sabes que no puedes más, que no aguantarás ni un segundo más. Lo notas en las piernas, que flojean, lo notas en los pulmones que no alcanzan a coger aire... lo peor: lo notas en la cabeza, cuando la debilidad llega ahí, y en los ojos que se humedecen.
Pero de pronto llegas a casa, muerta de hambre, y encuentras lo inesperado, esta vez en forma de sobre. Un pedazo de papel que te arranca unas cuantas carcajadas seguidas y que te llama a ver la vida con un puntito más *de luz.
(Gracias por ser ese matiz, hoy al menos)
No hay comentarios:
Publicar un comentario