Vale, nos quedamos sin ideas, sin consejos, sin nada que decir.
Momentos en los que hablar sobra y basta un abrazo o una simple mano en el hombro, momentos que sabes que no se repetirán o que lo harán cuando pase mucho tiempo, demasiado quizá.
Añorar a los que estén lejos y a los que están más cerca.
A lo mejor lo mejor es empezar con una despedida*.
Siempre hay mil maneras de afrontar la realidad, lo que se nos viene encima, mil formas diferentes de ver el mundo, pero a veces, basta con conocer una forma distinta a la nuestra para ver que el mundo es un lugar por el que merece la pena luchar.
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