Se sentó frente a todo el trabajo que sabía que debía hacer. Lo miró, respiró profundamente y lo apartó. Así, arrepentida y deseosa, sacó su cuaderno y un lápiz, se recogió la larga melena en un moño improvisado del que caían algunos mechones traviesos y se tumbó en el suelo mientras sonaba música de fondo, su música. Dejó que el lápiz bailara sobre el papel y dibujara todos aquellos vestidos que soñaba con tener entre sus manos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario