lunes, 25 de noviembre de 2013

Se sentó frente a todo el trabajo que sabía que debía hacer. Lo miró, respiró profundamente y lo apartó. Así, arrepentida y deseosa, sacó su cuaderno y un lápiz, se recogió la larga melena en un moño improvisado del que caían algunos mechones traviesos y se tumbó en el suelo mientras sonaba música de fondo, su música. Dejó que el lápiz bailara sobre el papel y dibujara todos aquellos vestidos que soñaba con tener entre sus manos.

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